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Vivo aterrorizada todos los días porque mi comunidad, la comunidad transgénero, está siendo demonizada y atacada por el gobierno que se supone debe protegernos y por la comunidad cristiana que se supone debe amarnos.
Hoy celebro 37 años de supervivencia… y mi salud está mejor que NUNCA.
Todos asumimos algún riesgo al buscar compañía, y las personas con VIH no son una excepción.
No quiero seguir limitando mi felicidad. He pasado por momentos tan oscuros en mi vida que me rehúso a privarme de esta pequeña luz.
Mi vida no ha sido en vano. Mi dolor se transformó en camino. Mi voz se convirtió en refugio. Mi resistencia creó un legado que sigue salvando vidas hoy.
Es posible recibir ayuda y sanar. Todo comienza con el acto de rendirse y tener una conversación con alguien en quien confías.
Estoy cansada...de la crueldad. Cansada de las mentiras. Cansada de la gente que elige no educarse cuando la verdad está aquí, frente a sus ojos.
Cada vez que comparto mi verdad, invito a las personas a profundizar su comprensión de mí—no simplemente sobre mi diagnóstico, sino también sobre mi resiliencia, mi risa, mi sabiduría y mi salud.
Me decían que lo que me mataría serían mis medicinas no el virus. Y sé, con certeza, que estaban equivocados... Cuando llegué a Estados Unidos en 2001, empecé tratamiento. Cuatro semanas después ya estaba indetectable.
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