Divorciada, con tres hijos y un trabajo a tiempo completo, la posibilidad de salir con alguien me llenaba de una mezcla de pavor, ansiedad, miedo y emoción a la vez.
El miedo al rechazo y a sufrir una desilusión amorosa mantenía mis barreras firmemente plantadas. Probé varias aplicaciones de citas, conociendo a personas tanto viviendo con VIH como sin él. Las opciones de pareja me parecían increíblemente limitadas, y la idea de revelar mi estado a alguien que no fuera VIH positivo me aterraba. Sigue leyendo...